Riviera Nayarit, una aventura inagotable

·   Conocer la concentración de aves
más grande de México, un recurrente set de filmaciones y toda la aventura de la
jungla es posible en La Tovara, en las inmediaciones de San Blas.

Chencho tiene una muletilla que lo explica todo. Por eso, andar por La
Tovara y sus esteros con su guía es una aventura inagotable. “O sea que…”
comienza cada una de sus frases y entonces Riviera Nayarit se empieza a
descubrir de una forma diferente.
Hay que madrugar, “o sea que” Chencho siempre ofrece su recorrido por los
manglares muy temprano y disfrutar de sus anécdotas es mejor si una ligera
bruma lo cubre todo en el atracadero y él aparece con su panga de motor así, como
en la escena de una película de Hollywood.
El paseo puede empezar en el embarcadero de La Aguada o el del Conchal.
Entonces Chencho enfila hacia la desembocadura del estero El Pozo con el Océano
Pacífico. “O sea que aquí a un lado –lo dice apuntando a su derecha mientras
mira de frente al mar- está la playa del Borrego, la más cercana al Puerto de
San Blas, y de este otro lado –el izquierdo- está la playa Las Islitas en la
Bahía de Matanchén”, explica.
También explica sobre la pesca de la lisa y el pargo en las aguas salobres
de la desembocadura, lo hace mientras algunas aves engullen las lisas que un
par de embarcaciones pretenden atrapar. “O sea que pescar en el estero es más
fácil, porque aquí entran los peces a alimentarse y no hay que andarlos buscando”,
insiste.
Entonces regresa hacia dentro del estero y enfila, ahora sí, rumbo a La
Tovara, que es parque nacional porque ahí se encuentra la mayor concentración
de aves migratorias de México. Lo hace a marcha lenta, para poder ir
descubriendo uno a uno los ejemplares que se va encontrando.
El pato buzo o “zambutidor” –como le llama Chencho- y el pato pichichin ya
habían hecho su aparición cerca de la desembocadura, también el pelícano café,
las gaviotas y las fragatas. Ahora empiezan a revelarse, halcones caracoleros,
garzas blancas, garzas rosadas o “pico de espátula”, garza canela o “pico de
bote”, Martín pescador, jacanas y chachalacas entre muchos otros.
El mangle y la densa vegetación del estero obligan a agachar la cabeza para
seguir el camino en varias ocasiones. Los lirios hacen su aparición en la
orilla y chencho se acerca a la orilla del mangle buscando regalar una de sus
flores a los paseantes; helechos, tule, papelillo y muchas otras especies lo
pueblan todo de verde.
En los troncos del mangle, reposan cocodrilos y tortugas. Chencho los
señala. “O sea que hay millares”, exagera un poco; lo mismo que cuando cuenta
la historia de la Nueva Galicia. Chencho no es muy preciso con la historia,
pero la cuenta.
Entonces se abre un claro entre el manglar y aparecen unos impresionantes
palafitos que fueron construidos para la producción de la película Cabeza de
Vaca, que cuentan la historia de la Conquista en el Pacífico Norte. Quienes no
la vieron, disfrutan también el extenso relato y sinopsis que ofrece el
barquero.
El recorrido termina en el Cocodrilario y la aventura se completa.
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