A la “caza” de ballenas en Riviera Nayarit

  • Este
    2012 se ha registrado un fenómeno inusual: las Jorobadas que visitan cada
    año el Tesoro del Pacífico Mexicano, se alimentan aquí en grupos grandes;
    por lo cual los avistamientos son numerosos
Greg se
cubre el rostro con las manos para mejorar su visibilidad, sobre la lancha
rápida vuela un pájaro a velocidad increíble. Si la embarcación puede navegar a
cerca de 50 millas náuticas por hora –como lo ha anunciado la tripulación— el
ave no sólo le sigue el paso sino que acelera, hace un quiebre tal cual lo hace
Messi cuando ingresa en el área chica, y se zambulle en el agua salada para
atrapar un jugoso pez gordo.
Greg
piensa que se trata de una gaviota, pero su pico afilado y recto, su plumaje
con un patrón en el que el blanco y el gris se difuminan a la altura del cuello
y el colorido de sus extremidades inferiores dicen otra cosa: “es un Bobo Patas
Azules”, explica el guía de la expedición.
No es el
nombre en español que se da a la especie el que hace a Greg esbozar una
sonrisa, sino aquel con el que usualmente se le nombra en inglés: es un “Boobie”. 
Alguien más también lo piensa y cuando ve que otra pareja se acerca
suelta en voz alta: “siempre hay suerte cuando un par de Boobies te acompañan”.  Así
descubro que, aunque lo hacen poco, los angloparlantes también alburean.
Pero no
son los pájaros Bobos, a pesar de su rareza y del excepcional hecho de que sólo
se encuentran en las Islas Galápagos y en una estrecha franja del Pacífico
Mexicano –en la cual nos encontramos—lo que nos lleva con rumbo a Las Marietas,
un conjunto de Islotes que han sido elegidos como lugar de anidación de miles
de aves, entre ellas muchísimos Bobos lo mismo de patas azules que amarillas, y
que se ubican justo frente a la exclusiva zona de Punta de Mita, en Riviera
Nayarit.
Nos
dirigimos hacia allá porque estamos “cazando” ballenas, principalmente de las
que se conocen como Jorobadas o Yubartas. Las cazamos con la mirada –o con el
lente fotográfico que es casi lo mismo— y el guía asegura que en esa zona se
pueden encontrar madres con su cría.
El paisaje
abruma por tan bello y la expectativa de ver una familia de jorobadas se torna
alta. En la travesía ya se han visto cerca de 15 ejemplares adultos, algunos de
más de 16 metros de longitud. En su mayoría nos han ofrecido un salto en
lontananza, una serie de asomos con el tradicional soplido por el espiráculo, y
la belleza de su inmensa cola justo antes de sumergirse y desaparecer.
Este año
hay muchas ballenas en la Bahía de Banderas –lo podemos comprobar, ya hemos
visto 15 y aún nos queda un rato de safari—pues se están alimentando con
sardinas, algo que sucede poco, pues generalmente han pasado los meses previos
atiborrándose de krill y arenque (hasta una tonelada y media diaria por
cetáceo) frente a las costas de California, Oregon, Washington o British
Columbia, justamente con el objeto de aguantar la travesía hasta esta región,
donde pasan los inviernos apareándose o dando a luz.
“En los 15
años que llevo trabajando con ballena jorobada, nunca había visto a las
ballenas alimentarse aquí. En alguna ocasión alguien reportó a una ballena
alimentándose en la zona, pero fue algo meramente ocasional. Normalmente las
ballenas pasaban de largo escuelas de sardinas sin mostrar interés alguno.  Este invierno nos encontramos con la sorpresa
de que las ballenas jorobas se han estado alimentando intensiva y
extensivamente”, leo declarar en un artículo publicado en un diario local a
Astrid Frisch, especialista en esta especie y me pregunto si esa es la razón
por la cual nuestra “caza” de ballenas ha sido numerosamente exitosa.
Creo leer
la respuesta cuando la bióloga explica que, para comer, las ballenas trabajan
en grupos grandes –de hasta 30— usando técnicas de arrastre y acorralamiento
para atrapar dentro de sus bocas los bancos de peces. También creo entender que
es esa la razón por la cual hemos visto pocos saltos, que entiendo son la forma
de cortejo, y muchas inmersiones.
La
embarcación ya vira sobre babor para rodear la isla “larga” y pasar entre esta
y la “redonda”, como identifican los locales a las dos plataformas más grandes
de Las Marietas, cuando aparecen en la superficie los lomos de una madre, de su
cría y de un macho escolta.
¡Qué
felicidad! –parece leer en nuestra mente el ballenato, que por sus largas
inmersiones parece haber superado el mes de vida— ¡Qué felicidad! De tanta
felicidad, el pequeño da un salto y otro, en el tercero además gira en el aire
y en el cuarto podemos verlo echarse un clavado sobre la espalada. Dan ganas de
echarse a chapotear con él, pero es hora de regresar a casa.
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